@DagaMuten

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Temor a nuevos peluqueros [reeditado]

Voy a recuperar una entrada que escribí hace mucho tiempo y que por motivos de enajenación mental, borrón y reciclaje de las mismas, renovación espiritual o como lo queráis llamar fue borrada junto a otras 100 entradas de este blog. Una tontería como otra cualquiera pero que es merecedora de tener un hueco entre todas las cosas que cuento y por este motivo la rescato de entre mis paranoias más oscuras.

El temor a nuevos peluqueros.

Todos y todas hemos tenido alguna vez a nuestro barbero, peluquero o peluquera favorita, o sencillamente aquel profesional con tijeras que siempre que te sientas frente a el, mientras miras su trabajo en el espejo te das cuenta de que está siempre haciendo la mejor obra de arte con tu pelo, tal y como tu lo quieres, perfecto. Ese momento te influye desde que sales de la barbería-peluquería hasta el momento de volver a entrar por esa puerta. Cuando algo te gusta desde el principio quieres que te hagan lo mismo exactamente. La misma persona una y otra vez. Estamos hablando de cortes de pelo aunque también es válido para otras historias más cerdas. Cuando era niño recuerdo que mis padres siempre me llevaban a una barbería frente a mi casa bastante peculiar. Una barbería visitada por mucha gente mayor y también por mucha gente joven. Había siempre buen ambiente. Recuerdo aquel revistero mítico con cenicero entonces repleto de revistas de la Invervíu. De revistas de motores y motos pero sobretodo lleno de tetas. Aquella barbería la regentaban tres hombres; el propietario, un viejales que todavía tenía control con las tijeras aunque a mi desde el principio ya de pequeño no me convencía demasiado, el hijo de éste y un tercero al que siempre llamaba ‘el otro’. Nunca llegué a recordar su nombre. A día de hoy no recuerdo ninguno de los tres. No me convencía demasiado el rollo que llevaba el propietario. Su silla estaba en un cuarto a parte que daba al interior del local fuera de las tres otras sillas de barbero que estaban en la entrada donde se podía ver la calle por ambas cristaleras ya que la peluquería estaba situada en la esquina de un bloque de pisos. La primera vez que recuerdo haber ido a esa peluquería me atendió ‘el otro’.

Ese tío me inspiraba confianza y parecía que sabría hacer exactamente lo que yo quería que me hiciese en el pelo y así fue desde el primer día. Pedían la vez, asentía que era mi turno y como mi cogote no superaba sentado la altura de la silla me ponían un puff cuadrado de color negro para estar a la altura que querían. Aquel puff, qué recuerdos. Pasados unos cuatro meses vi que los cortes de pelo que me hacían el hijo del propietario y ‘el otro’ me gustaban así que siempre que volvía deseaba que no me tocase aquel momento de incertidumbre que era enfrentarme a las tijeras del propietario. Algo no me gustaba en el, no lo sabía pero prefería mantenerme lejos de esas tijeras. Había días en los que pasaba de largo por la peluquería viendo a lo lejos si uno de los que me cortaban el pelo asiduamente estaba libre. Si los veía ocupados no quería entrar. Me rallé mucho con esa tontería pero seguí haciéndolo hasta que llegó el momento fatal. Me quise arriesgar y vencer esa desconfianza.

El propietario me mandó entrar en la otra habitación. Me río al recordarlo porque dentro de mi pensaba ‘no quiero hacerlo’. No estaba preparado. Lo mío no se trata de tradición sino de confianza. Me cuesta mucho confiar en la gente y más todavía si se trata de un peluquero desconocido o de técnica desconocida con unas tijeras afiladas en sus manos. Reíros, me da igual, es lo que hay. No se a que edad fue pero en aquel sitio conocí por primera vez el corte de pelo con nivel. No con nivel de nivelazo de calidad sino con un peine con nivel. Aquel cacharro era una pala, como un peine grande con un nivel cerca de la base del mango. Una paranoia. Cuando sacó aquello me dijo, ‘con esto te haré el corte de pelo perfecto’. Yo me quedé en plan, ‘bueno, vale, veremos’.

12265 Cuando le dije como quería que me cortara el pelo sin soltar aquella pala asintió prometiéndome que me gustaría. Yo lo clasifiqué en mi cabeza con un tono amenazante pero tenía que ser valiente y aguantar. Tenía que ver de lo que aquel viejales era capaz. Pasado un rato viendo como me ponía la pala en la cabeza aquí y allá mientras pasaba la máquina comencé a convencerme de que aquel podría ser un peinado valido para durante el mes que tardaría en volver a crecerme la cabellera. Fui demasiado inocente y me dejé hacer. Cuando acabó me observé en el espejo y me sentía extraño. Solo cuando llegué a casa pude clasificar lo que me había hecho aquel inconsciente. Entré en mi habitación y vi la carátula de un juego de Street Fighter que tenía de la Super Nintendo. Vi a Guile. Me emparanoié aun más. A Guile le cortaban el pelo con nivel. Yo era Guile pero con el pelo más corto. Hasta ahí llegué atando cabos. Aquel hijo de puta me hizo un corte militar muy similar al de un personaje de videojuego. Me debatí entre dejármelo así y ir al colegio el lunes con estas pintas o decirle a mi madre que me pasara la tijera como si no hubiera mañana. Me lo acabé dejando probando suerte con las críticas hirientes entre adolescentes. Me iba la marcha. Incluso mi madre me veía raro con aquel peinado.

Quise ser blanco fácil pero realmente no salí tan mal parado en el colegio. Aquel corte de pelo hizo que se me acercara mucho hijo bastardo cabrón y querer ser amigo mío. Aquellos seres, esos niñatos que semanas antes me tiraban la pelota fuera del colegio de un patadón. Aquellos niñatos que por jugar con las niñas venían a insultarme expresamente porque si. Ahora querían ser mis amiguitos gracias a aquel corte de pelo radical. El experimento me salió bastante bien así que me acostumbre al uso del nivel durante un tiempo cuando me tocaba volver a la barbería. Aun así, tras aquel triunfo inicial, el propietario no consiguió mi plena confianza. Sabía que algun día algo saldría mal.

Tiempo más tarde mis sospechas fueron confirmadas. Me volvió a tocar con el creador del peinado Guile pero en esa ocasión no logró convencerme. Hizo un estropicio con mi pelo cuando le dije que cambiara el estilo de corte. Me quedé en silencio cuando me quitó la sábana con velcro y me fui de aquella peluquería prometiéndome que no volvería jamás. Y así fue. PeluqueríaJusto al mes siguiente descubrí otra peluquería completamente diferente, más joven. Estaba situada en la misma calle de aquel videoclub donde alquilaba los videojuegos de Master System y Super Nintendo. Allí cambié de estilo y no me llevé ninguna sorpresa consiguiendo que fuese cliente asiduo durante más de 9 años. Nunca fallaban.Con motivo de mi viaje a Bélgica tuve que enfrentarme a otro peluquero con el que más o menos en francés pude entenderme y la preocupación fue mínima aunque si que la hubo desde un principio. ¿Como podía explicarle el corte que me llevaban haciendo durante 9 años seguidos en otro sitio? Leyendo estas palabras doy la impresión de ser un personaje de lo más tradicional. Si. Puede. Pero solamente con mi pelo. Mi pelo es sagrado. De mi pelo depende en muchas ocasiones mi estado de ánimo. Ya podéis encerrarme en un manicomio si queréis pero es algo que no podré cambiar.

En Irlanda, a la semana de mi llegada, buscamos una peluquería barata y ocurrió lo mismo. Una chica bastante mona intentando entenderme a la perfección sobre como quería el corte de pelo. No acertó. Me resigné. Me pasó demasiado la máquina por la cabeza olvidándose de las tijeras. Y es que por aquí los cortes de pelo son bastante diferentes a lo que yo le demandé. Demasiado peinado rollo futbolista Bale, ya sabéis. Raso por debajo y por arriba esperpéntico y claro, pille fuera de juego a la muchacha. La semana que viene tengo que volver a cortarme el pelo, pero esta vez escogeré otro sitio distinto. Se llama New York Barber Shop, en Limerick. Deseadme suerte.


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Mi primer trayecto en ambulancia en Irlanda.

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Hace unas semanas comenzó una muela del juicio a hacerme la vida imposible. Solo los que han podido llegar a la cúspide por dolor de muelas podrán entenderme. Es lo más insoportable que a uno le puede pasar, lo peor, la cima de todo lo que hayas conocido o experimentado y podrías clasificar con las palabras dolor y sufrimiento. Si jamás has sufrido un dolor de muelas del juicio cuando están, o en mi caso, estaba en las últimas te recomiendo leer esta entrada si lo que quieres es flipar aunque igual te parece hasta normal. Seguro que después de leer esto irás corriendo a lavarte los dientes, pasarte la seda dental y enjuagarte con colutorio como si fuera la última vez que lo pudieras hacer. No me da vergüenza compartir esto porque lo considero como algo que espero que jamás me vuelva a suceder con tal intensidad y merece la pena que los que se la juegan con su boca recapaciten sobre lo que les puede llegar a pasar si dejan a su suerte un problema de riesgo con sus dientes que puede aparecer en cualquier momento por sorpresa. Y añado: si estás en otro país donde no conoces completamente su sistema sanitario y no dispones de tarjeta sanitaria europea para algunas emergencias prepara la billetera.

Estaba en mi apartamento haciendo mis cosas cuando de repente noto en el lado izquierdo de mi dentadura un pinchazo que no había conocido nunca, un pinchazo tan fuerte que podría compararlo con una descarga de táser o algo por el estilo. Esta descarga me subió al cerebro con tal violencia que cuando lo procesé ya sabía que no iba a traerme más que problemas y de los gordos ya que nunca había notado algo así. Decidí comer por el otro lado a la hora de la cena con cuidado y tomarme un ibuprofeno por si la situación se agravaba durante la misma noche pero no fue suficiente. El dolor no cesaba, no podía localizar el foco del mismo puesto que podía venir de un diente u otro de la misma zona. Según me contaron otros dentistas el dolor puede manifestarse en una zona a modo de reflejo pero el foco de infección que lo provoca puede estar en la pieza dental que menos sospeches. Ya viví situaciones menos dolorosas varias veces puesto que al haberme salido las cuatro muelas del juicio pensaba que tendría controlada la exposición a tal molestia pero esta se empeñó en ser diferente, la más difícil de todas a las que me enfrenté. Pasé la primera noche fatal, no pude dormir nada. Al día siguiente por la mañana llamé a una clínica para pedir una primera cita de urgencia ya que el dolor se intensificaba violentamente y comenzaba a notar que no podía controlarlo. Mi cabeza iba a explotar.

Ya en la consulta del dentista, medio torcido, me reconoció la especialista. La dentista, de nombre Ruta, lituana, con un cuerpo con el que fácilmente pude pensar que antes de dedicarse a hacer empastes jugó en un equipo de rugby, me mandó sentarme en la silla de tortura para comenzar a temer por mi vida. Me reconoció preguntándome de donde creía que venía el dolor que sufría y le señalé con la lengua el lugar. Ella no estaba segura. Cogió una de las herramientas de la bandeja y comenzó a golpearme las muelas que indiqué para observar si me quejaba o no. La tía iba a saco. Al final resultó no ser la que yo creía sino una de las muelas del juicio que pedía ser extraída por la puerta grande. Le confesé no estar muy preparado para la extracción así que me sugirió utilizar óxido de nitrógeno, más comúnmente llamado ‘gas de la risa’, que se usa para los pacientes más nerviosos en las intervenciones. En España nunca me habían dado a escoger ya que siempre los dentistas a los que había ido intervenían con anestesia local. Tengo entendido que puede llegar a ser peligroso dicho gas para ciertas personas pero lo que me empujó principalmente a no usarlo en esa ocasión fue la visión de las posibles consecuencias tanto en el momento de inhalarlo como las posteriores. Y es que yo así paso de verme jamás. Con cuatro cervezas o un porro pase, pero así no.

Tras la rápida intervención, que fue de tiempo récord, logré ser feliz por diez días aproximadamente puesto que al onceavo de mi extracción llamó a patadas en mi cabeza otra muela. Pensé que me había librado por una temporada pero no. Volvía aquel dolor pero esta vez al lado opuesto de la boca y peor, mucho peor, el peor jamás conocido. Un dolor que no cesaba ni con antibióticos u otros painkillers. Ni enjuagándome con agua y sal, ni probando otros remedios caseros que pude tener a mano. Un dolor que hizo que me retorciera por la moqueta como si estuviera quemándome vivo, provocándome unas severas contracturas en cuello y espalda dejándome tieso como un palo. Mi cabeza parecía estar siendo taladrada por una broca enorme. Demencial, una tortura como ninguna otra vivida estaba sufriendo.

Mi novia al verme tan desesperado llamó a una ambulancia pasadas las cinco de la madrugada. Bajamos rápidamente cuando la ambulancia avisó de su llegada parándose frente al portal. Mi novia explicaba al conductor exactamente mi problema mientras me quitaba las gafas porque me dolía tanto la cabeza y los ojos que no podía llevarlas puestas. Hacía un frío tremendo aquella noche y aun yendo abrigado hasta arriba sentía escalofríos. Pasados cinco minutos estando de pie a la intemperie y lloviendo frente al vehículo procedieron a sentarme dentro de la cabina. Me abrocharon el cinturón y comenzaron a hacerme una pequeña ficha mientras respondía como podía con la cabeza casi entre las piernas y los ojos cerrados con fuerza por el dolor como si me estuviese preparando para un inminente accidente de avión; alergias a medicamentos, otras intervenciones hospitalarias, etc.

El trayecto se me hizo eterno. Cuando llegamos a la zona de urgencias pude ver un resumen de como funcionaba la sanidad pública en tierras irlandesas. Podría resumirlo fácilmente como un caos. Camillas en los pasillos con gente echa polvo intentando descansar mientras iban y venían enfermeros y doctores de una consulta a otra. Un panorama muy parecido al español. Me mandaron sentarme en una sala de espera fuera de todo aquel jaleo de camillas. Fueron otros veinte minutos más para olvidar insoportables. Cuando al fin dijeron mi nombre para reconocerme bastaron cuatro minutos mal contados para que solo me dieran un remedio para mi dolor. El remedio, el único. Un painkiller. En aquel momento pensé que aquella minúscula pastilla podría ser mi salvación pero no. Cuando me dieron la pastilla con un poco de agua me dijeron que me la tomase y que volviera a la misma sala de espera donde estuve esperando previamente aquellos veinte minutos infernales mientras me hacía efecto el medicamento. Eran ya las seis de la madrugada y pretendían que me esperase allí sentado hasta las ocho para ser atendido por un médico o especialista. Pretendían tenerme dos horas muerto del dolor allí. En cuanto comencé a notar un poco de alivio con aquella pastilla le dije a mi novia que nos fuéramos, que no podría estar allí dos horas esperando a saber que, pensando en que me acabarían recetando seis pastillas más mientras decidía que me intervenían aquí o en otro lugar dicha muela. Así que cogimos un taxi y nos marchamos a casa.

Milagrosamente logré dormir lo que quedaba de noche ya que a la mañana siguiente temprano pude ir de urgencia a visitar de nuevo a Ruta, aquella dentista que me salvó la vida una vez para que volviera a obrar otro milagro en mi boca. Tras una bronca por su parte por lo que me pasó ayer en aquel hospital, como si de una madre se tratara, comenzó a trabajar y pudo conseguir el segundo milagro de aquel fatídico mes. Arregló todo aquel estropicio sin pestañear. Para entenderme con ella con mayor precisión me hablaba en italiano, lo poco que decía que sabía, ya que con el inglés todavía estoy bastante verde para hablarlo con fluidez aunque lo comprenda y más si es irlandés. Con el italiano me resultaba más sencillo entenderla así que tuvo un gran detalle. Sin lugar a dudas es la mejor dentista que he visitado. Tendré que volver en pocos días para hacerme más cosas. Cuidaros la boca o lo pagaréis muy caro, y eso no es solamente una expresión. Las tarifas de los dentistas en Irlanda son diferentes a la de los dentistas españoles. En algunas cosas bastante similares pero en otro tipo de intervenciones puede resultarte no caro, carísimo.

Para poneros un ejemplo; las extracciones cuestan 80€, en España entre los 100€ y 150€. Pero las endodoncias aquí cuestan la friolera de 600€ mientras que en España oscilan entre los 150€ y 170€ sin contar la reconstrucción del diente afectado, que eso ya puede costar entre 40€ y 80€ en muchas consultas. Una ruina en cualquier caso, y tal y como está la sanidad a día de hoy…

Días más tarde recibimos una carta del hospital. Cuando abrimos la carta vimos que contenía una factura por los servicios prestados. Tenía entendido que el servicio de ambulancias era gratuito y así fue pero lo que no resultó gratuito fue la consulta habiendo presentado la tarjeta sanitaria en vigor, y eso no podía ser. Se habían equivocado. El reconocimiento y el painkiller con un vasito de agua costaban 100€ no reembolsables por ser atendido por primera vez sin tarjeta. No tuvieron en cuenta mi tarjeta sanitaria todavía en vigor y me atendieron como paciente privado y este malentendido deberé solucionarlo en la administración en las próximas semanas. En el caso de que no tengas tarjeta sanitaria y necesites hacer una segunda visita a cualquier centro sanitario público en Irlanda en futuras consultas deberás abonar por gastos facultativos 50€-60€ aproximadamente en una consulta de atención primaria “GP” – General Practitioner.

Los General Practisioner cuesta unos 50€ y la atención de un especialista 150€. Así que haciendo un cálculo rápido la pastilla milagrosa costó la friolera de 50€ junto a otros 50€ por la atención de una enfermera. La sanidad en Irlanda deja mucho que desear ya que hay que pagar por adelantado en muchos casos y tanto la estancia como la espera en urgencias en cualquier hospital publico puede alcanzar las 14 horas. Yo tuve suerte dentro de lo que cabe pero cualquier día te puede pasar algo gordo y no tener como pagarlo y más si después de que te atiendan por lo que sea te pasen la partitura el mismo día como si estuvieras en los postres en cualquier restaurante.

EHIC

Cuando dejas de trabajar en España, agotes o no tu prestación por desempleo, a los 3 meses pierdes el derecho a la Sanidad. No cotizas, no tienes derecho. En estos casos cuando hay que huir del país es más que recomendable sacarse la tarjeta sanitaria europea mientras la maldita burocracia te lo permita. Normalmente si sigues recibiendo prestación la tarjeta que te proporcionan tiene validez para un año, mientras que si no recibes ningún tipo de prestación prepárate para recibir un papel con permiso de asistencia sanitaria fuera de España que permite desde los 15 días hasta mínimo 3 meses. Lamentable. Si has logrado huir de esa tierra de lobos corruptos y te plantas en Irlanda puedes conseguir sacarte como residente una tarjeta sanitaria europea expedida por el gobierno irlandés. Para ello se debe ir a la embajada en Dublin y demostrar que tienes tu residencia en la isla y hayas cotizado para así después en cualquier centro sanitario se te pueda expedir tu tarjeta sanitaria. Pero cuidado. Importante: Te proporcionarán una tarjeta sanitaria europea una vez hayas cumplido 1 año como residente en el país, ni más ni menos. En fin. Cuidaros mucho y no dejéis para mañana lo que podáis solucionar lo más pronto posible, y más si no sabéis como después podréis pagarlo.


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Los primeros videojuegos de mi infancia con Master System II.

A los trece años comencé a disfrutar de la que fue mi primera consola de videojuegos. Recuerdo ese momento como si fuera ayer, viendo a mi padre entrar en casa con una bolsa y sacando delante de mis narices la Master System II con nueve o diez juegos. Se la había comprado a un compañero de trabajo que dijo necesitar el dinero para poder comprarse una SNES. Un tío de treinta y pico años y soltero sin ganas de que esa situación cambiase. No me lo podía creer, estaba alucinado porque tenía una consola en casa. La conectamos en el salón horas después descubriendo el primero al que jugué, Alex Kidd in Miracle World. Avanzar, golpear, saltar, piedra, papel o tijera. Aquello era felicidad. En la bolsa estaba también ‘Asterix’, ‘Indiana Jones and the Last Crusade’, ‘Predator’, ‘Sonic The Hedgehog’, ‘Slap Shot’, ‘Aladdin’, ‘Lemmings’, ‘Olympic Gold: Barcelona 92′ y otros tantos. Llegué a perder la cuenta de los que llegué a tener además de los que también me alquilaba cuando no tenía suficiente. Hago memoria y sonrío viéndome un viernes por la tarde cualquiera después del colegio pedir a mi madre 200 pesetas para poder alquilarme alguno para el fin de semana bajo la condición de acabar los deberes a tiempo y estudiar lo que me tocase para la semana siguiente. En aquel entonces éramos muy de ir al videoclub. Solíamos ir a uno en concreto siempre, estaba a varios minutos de casa y tenía una oferta enorme de juegos, tanto de Master System como de Mega Drive y otros.

En un fin de semana por 400 pesetas alquilábamos una película VHS y bajo presión un videojuego para mi siempre que todo fuese bien. Bonita aquella época de vacas gordas. Recuerdo esas estanterías de nueve baldas repletas por todas partes. Me sentía pequeño frente a tanta carátula donde escoger. Miraba la portada, miraba la contraportada, las imágenes, capturas, leía el argumento y no tardaba demasiado en escoger el que me apetecía. En varias ocasiones tuve que pedir a la dependienta que me alcanzara alguno de los de más arriba ya que no llegaba ni saltando insistentemente. Recuerdo también aquel rincón X del local, sin cortina, donde habían veinte o treinta películas porno. A veces se me desviaban los ojos sin malicia buscando con la mirada alguna que otra teta mientras avanzaba por aquel pasillo hasta llegar a mis tesoros. Si no podía conseguir esas 200 pesetas de rigor los viernes ahorraba moneda a moneda las vueltas de cuando me mandaban a comprar el pan. Cuantos buenos recuerdos.

Durante un tiempo hice que esa consola sacara humo. Llegué a destrozar prácticamente uno de los dos mandos. A,B,A,B,A,B,A,B… Creo recordar que uno de los juegos culpables que hizo que aquel mando quedase medio inutilizable fue ‘Olympic Gold: Barcelona 92′. Las batallas con mi padre en los 100m lisos y 110m vallas eran criminales luchando por el oro. Ese mismo año y camino al año siguiente de tener la consola pude meter una pequeña televisión Elbe de tubo, la que usábamos en el comedor, en la que acabaría siendo mi habitación definitiva. Acabó siendo una de mis posesiones más preciadas cuando aquel pequeño comedor terminó por transformarse en el cuarto de mi hermana pequeña. Me liberé de seguir durmiendo en litera para disponer así de más espacio vital. Podría decir que esos fueron mis inicios como aficionado a los videojuegos. En el colegio hice un buen amigo que tenía la Nintendo NES, el modelo ‘toaster’ y alternábamos las visitas a casa del otro cada semana para engancharnos a ambas. Con aquella NES y los seis o siete juegos que él tenía comencé a investigar el universo Nintendo convenciéndome lentamente para adentrarme en el. Lo que no recuerdo muy bien es que acabó pasando con mi Master System. Seguramente la vendí bastantes años después de estar guardada en una bolsa de deporte con todo el cableado y las docenas de juegos. El motivo por el cual acabó guardada en una bolsa se llamaba Super Nintendo. Me hice con algo superior. Fue entonces cuando di el brutal salto a los 32 bits y aquello que antes llamaba afición comenzó a cambiarse por algo más serio. Con Nintendo me enganché a las consolas. Con esta si que tuve para rato.


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Cuando cenas a las 7 en Irlanda y otros horarios.

Comer y cenar pronto para un español es algo completamente inusual estando acostumbrados a hacerlo todo tarde, muy tarde, a las tantas, a la española o porque te lo cuente una dietista con número de colegiada tal porque así lograrás perder esa barriguita que te sobra para lucir estupendo palmito llegado el verano. Perdiendo el día entero por holgazanería. En Irlanda la hora de comer se extiende desde las 12h de la mañana hasta las 14h del medio día y la cena es hasta no más tarde de las 20h, en ocasiones hasta las 21h. Obviamente en tu casa haces lo que quieres porque tu rutina spaniard te obliga a seguir ese ritmo fisiológico y psicológico pero al haber cambiado de aires has de acostumbrarte a los nuevos horarios y en mi caso personal no ha sido para nada difícil habiéndome entrenado en una estancia pasada en Bélgica meses atrás. Comparando horarios Irlanda y Bélgica se asemejan mucho pero en cuanto a oferta gastronómica Bélgica se lleva el premio ya que en Irlanda es prácticamente nula. Dejando para otro momento las ofertas gastronómicas de ambos lugares y siguiendo con el tema horarios, verdaderamente no es difícil acostumbrarse al ritmo de vida irlandés.

Dunnes Stores

En los días que hacen ‘half price’ ahorras mucho en la compra semanal.

Al principio puede chocar un poco pero sabiendo de antemano las horas de luz diurna disponibles las piezas del puzzle comienzan a encajar perfectamente. Lo primero que hay que saber es que oscurece muy temprano. Sobre las 17:30h – 18h el sol se pone. Sobre esa hora muchos locales, tiendas, negocios echan el cierre habiendo abierto por lo general a las 10h de la mañana dando paso a la apertura de otros locales de ocio nocturno como son pubs, restaurantes con cocina abierta hasta las 23h y barra hasta las 2h, 7-Eleven´s y discotecas hasta las 3h o 4h de la madrugada. Si vas de compras por grandes almacenes normalmente suelen cerrar a las 21h o 22h. Los horarios de los supermercados como Aldi o Tesco o Dunnes Stores son de 8h-9h a 21h-22h. Los fines de semana te pueden desorganizar más los planes ya que echan el cierre entre las 19h y 20h de la tarde. Volviendo a las comidas y cenas. Siguiendo el horario irish estoy adelgazando. Mes y medio aquí y calculo que ya he perdido 2kg más o menos.

También ha colaborado mucho en esta pérdida de peso el haberme desenganchado de la CocaCola hace un tiempo. Cenas pronto, duermes tus horas y te levantas descansado y con hambre. Eso es bueno. En España cenaba tarde y me levantaba asqueado de la vida tomando un mísero café y a la calle. Estamos acostumbrados a cenar tarde incluso rozando la madrugada y en muchos casos – y quien diga lo contrario miente – porque la televisión nos arrastra a llevar esos mismos horarios frente a la mesa. Comer pronto depende, ya que a media tarde puedes ir mordiendo las esquinas de los edificios y acabas de snacks hasta el culo, pero cenar a las 20h o incluso a las 19h como hacía en Bélgica solo trae cosas beneficiosas. Cuidado porque pueden pasar dos cosas; comer bien y sano dentro de las posibilidades que brindan los precios de los alimentos y su “gastronomía” que ya he dicho que es prácticamente nula o sucumbir al encanto de las frituras, chocolates y demás mundo grasa que aparece en cada esquina y que por una cosa como por otra te hace el avío y acabas en chandal encerrando en el armario a todos los pantalones como si fueran tu peor enemigo.

Debido a que hemos venido a vivir aquí y no estamos de turismo hay mucha información de la que todavía no dispongo y puesto que tanto mi novia como yo tenemos cada uno obligaciones que atender no podemos viajar como nos gustaría visitando un sitio y otro día tras día. Ya llegará. De momento seguimos echando raíces poco a poco al oeste contando las horas de luz y los días de sol porque con los de lluvia hemos perdido la cuenta. Y a las 7 a cenar.


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Alertas roja y naranja en el suroeste de Irlanda por el temporal.

Ayer en el sur y oeste de Irlanda estuvimos bastante entretenidos con el temporal junto a Inglaterra y Gales.  Los condados de Cork y Kerry se encontraban en alerta roja mientras que en Waterford o Limerick nos encontrábamos en alerta naranja por la misma situación entre otros. El aeropuerto de Shannon cerró temporalmente y los protocolos de seguridad comenzaron a aplicarse  poco más tarde del medio día cuando comenzaron a ponerse las cosas difíciles. Lluvia fuerte, zonas costeras con riesgo de inundaciones, nieve y granizo en algunos puntos y vientos que superaban los 160km por hora. Era muy complicado transitar por la calle, el aire te empujaba violentamente. He llegado a ver gente rodando por el suelo siendo arrastrada. Recomendaban a la población quedarse en casa por su seguridad ya que en muchos puntos se desprendían parte de las fachadas de edificios, algunos tejados fueron arrancados como si de papel se tratara.

Vallas de protección volando, algunos muros de piedra de varias urbanizaciones no aguantaban y también se desprendían por el temporal, ventanas estallando con lluvia de cristales incluida, árboles arrancados, señales de tráfico y semáforos doblados y destrozados, contenedores de basura haciendo carambolas entre los edificios y demás. En enero decían que hacía mucho tiempo que no llovía tan copiosamente como está pasando durante este año cuando entonces comenzaban las alertas por inundación en muchas ciudades. En Cork la semana pasada se podía ir en canoa por la ciudad.


No se recuerda una situación de emergencia así desde 1998 en la región. Por suerte hoy ha cesado y hasta ha salido el sol, un poco, poquísimo, pero ha salido. Se espera que para mañana un temporal con la misma intensidad que el de ayer vuelva por lo que las autoridades siguen en alerta. No hubo ningún herido, solamente daños materiales. Servicios como los de luz e Internet en algunas regiones serán restablecidos en cuestión de horas. Los bomberos y otros servicios de emergencia tuvieron un día movidito. Nosotros estamos bien por la parte que nos toca pero seguiremos yendo con mucho cuidado. Veremos que tal se porta el día mañana.


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Huyendo del rebaño hambriento.

1389350227841Hoy hace prácticamente un mes que pisé Irlanda. Recuerdo como si fuera ayer la cara que tenía instantes previos a subirme a aquel avión que me llevaría a Dublin. Poder disponer de una oportunidad así no se contempla todos los días y menos cuando ese suelo que todavía estás pisando se rompe en pedazos convirtiéndose en arenas movedizas de las que si no eres rápido en reaccionar no tardarán en atraparte. Así estaba yo mientras esperaba dicho avión, luchando contra una tierra que me tragaba, que comenzaba fuertemente a hundirse bajo mis pies y que ya me llegaba por las rodillas ansiando atraparme. Pensar en España, Cataluña, Barcelona, me llenaba de profunda ansiedad. Todos los días la misma mierda, el mismo borregueo creciente. Radicalismo, fascismo, independentismo. Hasta los cojones. Me ahogaba en aquel trozo de tierra con los huevos más grandes que su cerebro. Cuando me dieron el acceso para así poder pasar por el finger hasta la puerta del avión, ese pequeño túnel transparente fue el símbolo del cambio radical que estaba esperando conseguir fuera de aquellas arenas. Solo tuve que esperar diez minutos para que pudiera sentir que mi cuerpo ya no tocaba ese suelo maldito, infame y lleno de estupidez en el que ya me daban por perdido.

Autobús a Limerick X12

Puesto el pie en Dublin me dispuse a coger el autobús 12 que me llevaría directo a Limerick. Me encontré a varias españolas que también se dirigían a diferentes puntos del país, una con más maletas que la otra. No se conocían tampoco. Cuando te dispones a ir a otro país a comenzar de nuevo lo que menos interesa que te ocurra es tropezarte con otros de tu misma nacionalidad pero en aquellas primeras horas de incertidumbre y novedad el acercamiento de algo familiar fue algo inevitable mientras esperábamos el autobús. Fue entonces cuando comenzó la ronda de preguntas inocentes obligatorias; ¿A que vienes? ¿Cuanto tiempo te vas a quedar? ¿A ti también te han echado del país, verdad?

Tras varios minutos de interrogatorios de apoyo moral cada uno cogió sus trastos y nos separamos para llegar a los nuevos puntos de partida. A todos aquellos a los que nos han quitado cientos de derechos y echado de nuestro país pese a la ira que comporta dicha situación sientas la resignación que sientas solo puedo decir que nunca es tarde para cambiar radicalmente y sacar optimismo de donde antes solamente podías encontrar mierda y nada más que mierda para hacer mucho más por ti sabiendo que tú eres el único que podrás conseguirlo porque nadie te va a regalar nada. Soy de los que huyen sin mirar atrás, apenas siento apego por muchas cosas que otros si lo sienten. Supongo que tras tantos años acostumbrado a aguantar el dolor, las injusticias, a gente inepta, todo cambio radical siempre es a mejor. Si ya huiste o piensas en hacerlo pronto te animo a dar el paso y a seguir adelante. Sal de ese agujero. Hay muchas oportunidades ahí fuera, es por ti.


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Vivir en Limerick, Irlanda.

Bienvenido lector curioso, estudiante Erasmus, de inglés o de intercambio, viajero low cost, español o latinoamericano en busca de un futuro fuera de tu país natal y que has acabado en este blog leyendo estas líneas porque has escogido Limerick como tu próximo destino.

La vida da muchas vueltas. Un día estás en Barcelona, otro en Sevilla, Bruselas, LLN y al otro acabas en Irlanda, en Limerick. ¿Qué tiene esta ciudad que no tengan otras ciudades irlandesas? Con motivo de mi estancia en estas tierras, esperemos que larga y provechosa, he decidido compartir contigo mis pasos, vivencias, lugares donde comer, hospedarse, vivir, comprar o visitar además de consejos y opiniones sobre todo lo que contiene esta región a la que me enfrento prácticamente en frío. En frío no solo porque haga mucho ya que en ocasiones si lo hace, sino porque a dos semanas de saber que mi siguiente destino era éste apenas encontraba información variada y escrita personalmente in situ para poder ubicarme un poco y comenzar a hacerme una idea de como desenvolverme fácilmente recién llegado. Comencé a buscar opiniones en diferentes foros de estudiantes y en otras páginas relacionadas ya que jamás había pisado territorio irlandés. Llegué a encontrarme sobre todo opiniones grises y reguleras de la ciudad y muchas estando sometida constantemente a comparaciones negativas frente a Dublin o Cork. No olvidemos que Irlanda es un país que recién está levantando cabeza debido a una gran crisis. Llevo tres semanas aquí y puedo desmentir muchas de esas malas criticas leídas al respecto. Por ahora. Espero servirte de ayuda con mis próximas publicaciones y quien sabe si quizás tras un tiempo cuando hayas decidido venir aquí nos crucemos por la calle sin habernos dado cuenta o acabemos saludándonos.

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