Una de esas pocas cosas que uno puede llegar a vivir para contarlo y para que no le crean es lo que sufrí hace una larga temporada recién salido de un Game cuando me disponía a adquirir un par de juegos como es de mi mala costumbre trimestral. Salía con mi bolsa llena de nuevos títulos cuando de repente me sentí observado en un paso de cebra por una mujer ya madurita que no me quitaba la vista de encima y para ser sinceros no estaba nada mal, treinta y tantos años bien amortizados.
A los pocos segundos de darme cuenta sin darle importancia la miré, ella me miró y sonrió.
Desvié la mirada y seguí paso al frente.
Me disponía a cruzar un paso de cebra cuando volví a sentirme observado parado en el semáforo y es que ahí estaba, a mi izquierda casi a mi mismo paso, detrás, mirándome.
¿Estaría cegada por mi perfume? ¿Me conocía de algo que yo no recordaba?
En mi cabeza resonaba un “estas loco, que va a seguirte esta ¿porque?”
Fue en ese mismo instante cuando cogió mi paso, me tocó el hombro y me consiguió parar porque quería preguntarme algo. Yo me quedé absorto sin saber que decir puesto que dos grandes razones casi al descubierto desviaron la atención de mi cerebro como hombre simple que soy que se distrae con lo mas mínimo que le llama la atención.
Era una mujer alta, llevaba botas de tacón, pelo liso castaño claro, delgada, unos ojos negros como pocos había visto y una blusa azul abierta de par en par con una falda que descubría las rodillas.
Después de mirarle al pecho instintivamente conseguí desviar sin problema la vista a sus ojos negros y fue cuando me preguntó lo siguiente:
- Hola… Yo… ¿Puedo preguntarte como te llamas?
Creo que nos conocimos no hace mucho en un lounge bar por la noche.
- Hola. ¿Que? Ups! Pues te estas confundiendo. Lo siento. (Viendo su anillo de casada mientras se retiraba un mechón de pelo por encima de la oreja)
Pues es que me suenas y no se de que. Y hueles muy bien.
- ¿Que? Vaya gracias. Pero definitivamente te estas confundiendo.
- ¿Vives por aquí?
- Perdona es que tengo prisa. (Mentira y el asunto comenzaba a mosquearme)
- Llevo rato mirándote y es que quiero proponerte algo….
- ¿Eh? ¿El que?
- Si, bueno. Iré sin rodeos porque veo que te estoy incomodando.
- No te conozco, me paras en medio de la calle y con un misterio que no se…
- Mira… Tengo cuatro horas antes de que llegue mi marido a casa con los niños…
¿Querrías que follemos en mi casa?
Un increíble WTF de proporciones épicas resonó en mi masa encefálica. Me quedé atónito con la proposición. El percal de mujer casada con niños y tiempo limite para desarrollar el instinto animal… Sonaba atractivo, morboso pero a su vez peligroso e irracional. A saber si eso era verdad o no, a saber si había algo detrás de tanta adulación repentina que haría peligrar mi integridad física. Incluso me imaginé al micro segundo de que me lo propusiera a su marido oculto tras las cortinas de su habitación, mirándonos.
Brrrrr!! Que mente mas jodida que tengo. ¿Vouyerismo?
Dios… Y de paso los niños de fondo “Mamá, danos de merendaaar!!”
Así que después de darle a entender con mi cara de asustado lo que me propuso me soltó la primera táctica desarrollada por y para el convencimiento como últimos cartuchos a quemar.
La compasión hacia una mujer necesitada que no soporta el rechazo.
- Y si no, pues en tu casa o en un hotel. Solo se que quiero follarte.
- Ostras… Joder, no perdón pero no puedo. Es una mala idea.
- ¿Es que soy fea? (Primer cartucho a quemar)
- No es eso, es que tengo novia, ademas, no te conozco de nada y ni aun así.
- Que tienes niños y marido ¿Esto lo haces a menudo? (Le solté esto en plan ofensa para despegármela).
- Y tu aun teniendo novia no miras a otras chicas?
- Pues si, pero no me las voy follando de camino a casa. Gracias pero no.
- Tengo treinta y dos años ¿No estoy buena?¿Sabes lo que haría contigo?
Seguro que nada de lo que haces con niñas de tu edad. Necesito que me folles. (Último cartucho)
OMG! Cuando soltó “necesito” sabía que tenía que salir por piernas de esa calle.
Aceleré el paso, ella seguía detrás de mi y volvió a pararme insistiendo en darme su teléfono por si me lo pensaba dos veces tras la primera proposición súbita.
- Este es mi numero de teléfono (escribiéndolo en un trozo de papel).
Si te lo piensas mejor, mándame un mensaje y podremos quedar cuando tu quieras.
- Em… De acuerdo, vale… ¿Gracias? …
- Gracias a ti, pero que sepas que si me llamas el placer será todo tuyo.
Jur… Dio media vuelta y se alejó ¿Buscando otra presa? Nunca lo sabré.
Al torcer la siguiente esquina arrugué el papel y lo tiré.
Barcelona Vice City.