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Leyendo y pensando sobre: “Más de la mitad de los jóvenes españoles cree que tendrá que emigrar por trabajo”.

Anoche estaba en el trabajo y tras acabar con todo el papeleo de madrugada me dispuse a ojear algo que ya nunca ojeo. La prensa. Sencillamente no me gusta porque no quiero amargarme la existencia ya que constantemente estamos leyendo desgracias, mentiras, chorradas, artículos partidistas, amarillismo y sobretodo injusticias. Si dejas que la prensa domine tu pensamiento libre y tu crítica estás jodido.

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¿En qué estarán pensando la otra mitad de los jóvenes españoles?

Y leo,¨Más de la mitad de los jóvenes españoles cree que tendrá que emigrar por trabajo¨. Muy bien que creen. En nuestro país de origen nos han dejado con los pantalones completamente bajados a nuestra suerte, sin ayudas de ningún tipo y por si fuera poco para poder conseguir buscarte la vida en otro país aun con esas te ponen trabas como con un “si te vas te jodes” pero si te pretendes quedar te vas a joder más. Los cursos de ayuda al desempleo son meros pasatiempos si es que antes no te mandan a Cáritas (como me hicieron a mi hace unos años), recortaron el paro en 12 meses y si pretendes tener una carrera debes pagar más que antaño. Y luego si logras emigrar igual lo estudiado no te sirve para nada. En fin. Pero eso, paga, paga, paga. Como con la lotería. Tú echa dinero al saco que igual un día te toca.

No me quiero poner de mala hostia escribiendo estas lineas porque no era el propósito pero es para estar bien enfadado con todo lo que está ocurriendo, y estafado. De cualquier modo tras unos años de sequía laboral personal (algún día explicaré con todo detalle lo que supuso estar tres años sin trabajo y sin dinero y lo que supuso dar el salto al extranjero) logré establecerme en UK con un trabajo que jamás habría imaginado que pudiera desempeñar. Me ascienden, me promocionan, me cuidan, me enseñan y para colmo me pagan de puta madre más incentivos. De ir de uniforme zarrapastroso a vestir de traje y corbata. Hace años estaba descargando palés en supermercados y fui cajero de los mismos. De aquí también sacaré muy buenas historias de entonces de las que a día de hoy no me dará cosa el compartirlas. Y tengo para muchos párrafos.

La cosa es que a mis 32 años he tenido que improvisar en mi vida laboral ya que nunca tuve claro eso que nos preguntan de pequeños; “¿Qué quieres ser de mayor?”. Bueno, en realidad si, pero nunca llegué a tomar ese camino por las circunstancias de la vida. Yo quería ser presentador de radio y por ahora a lo máximo que he llegado ha sido a presentar y dirigir tres proyectos de podcast. Muchos pensaban que era muy original ya que tengo muy buena voz para ello pero muy poco ambicioso. A la ambición que la den por culo mientras yo logre ser feliz. Ahora se que lo que lo que en en el fondo siempre quise fue sobrevivir a cualquier tsunami de mierda que viniera hacia mi sabiendo como sortearlo aunque no sin antes haber tenido que tragar para lograr mi objetivo. A mi edad ya se como coger la siguiente gran ola y no volverme a ensuciar de más mierda. Todos pasamos por lo mismo un día u otro en mayor o menos medida pero no hay nada mejor que por tu propia voluntad poder salir de tu país (mientras nos lo permitan) y poder vivir la vida más allá de tus cuatro calles y tus cuatro amigos en tu ciudad. Eso si es ser ambicioso. Los que me hablaban de lo poco ambicioso que fui al principio seguramente sigan en algún supermercado promocionando a segundo de planta o simplemente sigan en el mismo esperando a que baje su Dios y les haga la cama mientras siguen pensando en cambiar las cosas pero nunca lo harán.


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iMac 5K ya en casa. ¿Listo para otros 8 años de operatividad?

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Fotograma del unboxing de mi nuevo iMac. Vlog en proceso de edición, todavía.

Llevo unos días que no paro de hablar de Mac pero es lo que toca para ir cerrando episodios en este humilde blog de vomitonas verbales y pensamientos random. Lo primero que pensé a la hora de ponerme a escribir este post fue, junto al del nuevo iPhone 7, ahora ya vivo en el presente con los dispositivos actualizados y no hay excusas por quedarse atrás. Y es que llevaba mucho tiempo desactualizado y apartado del mundo. A algunos les puede parecer el cambiar de ordenador, o de Mac, un simple gesto cotidiano pero para mi fue una huge upgrade over 9000. No voy a relatar en esta ocasión como fue el momento de la compra. Como están tan de moda los unboxing, parece que el relatar el momento en el que estrenas algún nuevo dispositivo y lo desembalas tenga que estar siempre presente tanto en video como en escrito y almacenado en nuestra memoria hasta cuando se nos diagnostique demencia por desmesurado uso de la misma. En el fondo estamos enfermos de tecnología, o atiborrados diría con más exactitud y tenemos que acabar reconociendo que sin ella estamos realmente jodidos. Vale. Eso y la cultura del yo esto y yo lo otro.

Me encanta la edición de video y fotografía y este para mi se hizo el equipo perfecto para poder seguir trabajando y plasmando todo lo que me apetezca grabar en video o fotografiar, y más ahora aprovechando el 4K y los 60fps en las GoPro y iPhone 7.

¿Estará este iMac a la altura de mi anterior y logrará pasar los 8 años de vida sin inmutarse? Y lo más importante. ¿Logrará este nuevo iMac seguir con la pantalla intacta hasta entonces? Yo espero que si, porque por lo visto remplazar una pantalla en estos nuevos bichos cuesta la friolera de £500 porque la garantía tal, la garantía cual… Así que más me vale cuidarlo como el anterior, o más, porque de tan solo mirarlo se puede partir en dos.


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2 ordenadores en 15 años. Eran otros tiempos.

No tuve mi primer ordenador hasta que pude pagarlo con mis propios ingresos. Yo fui de los que no tuvo ordenador hasta bien asentada la adolescencia. Todo el mundo tenia uno menos yo. Si quería hacer un trabajo o imprimirlo tenia que acudir a casa de algún compañero de clase, algún amigo. Aquellas torres con disquetera. Que tiempos. Recuerdo como si fuera ayer la lentitud con la que se cargaban las imágenes pesadas cuando navegaba por internet y que para nosotros fuese tan normal.

Dos iMac en casa

No fue hasta que cumplí los 18 cuando me pude permitir adquirir uno y fue por piezas. No me gustaban los ordenadores de serie. Quería hacérmelo yo. Todavía lo tengo en casa de mis padres guardado en el armario de mi cuarto. Creo que le fallaba la pila del reloj y por eso se murió y desde entonces no lo volví a tocar porque pegue el salto a Mac, del que luego hablaré. Invertí en aquel ordenador por piezas unos 1500 euros allá por el 2001. Fue toda una locura pero las cosas o se hacían bien o no se hacían, así que me tire de cabeza y lo convertí en todo un bicho, hasta con luces de neon alrededor de diferentes colores. Algún día tengo que resucitarlo, quien sabe la de cosas que deben haberse quedado en esos discos duros. Fotografías, trabajos del instituto, videos de mis teléfonos móviles, porno…

Semanas antes de que invernara para siempre habiendo estado junto a mi seis inseparables años le había echado un ojo a un iMac de 2007 que me hacia ojitos cada vez que me pasaba por un centro comercial del centro de la ciudad. Sentía que tenia que dar el salto a Mac, cambiar de bando, jugar en otra división. Y lo hice. Para otros es un gasto estupido y un OS para tontos. Podríamos discutirlo. Un par de meses después fui a la tienda para hacerme con uno pero tuve algo de mala suerte ya que se habían acabado todos y cada uno de ellos. Fui tan convencido a por el que no me lo podía creer. Pero algo no me habían dicho los de la tienda. Y es que en medio del stand había uno de muestra así que les pregunte lo obvio. Me respondieron que por supuesto, entre risas. Así que me lo lleve a cuestas dirección hacia el metro con todos sus extras y con un ahorro de 300 euros por ser el que era. Las caras de la gente mirando como lo cargaba escalones abajo hasta llegar al anden del metro eran de una mezcla entre envidia y asco y gracias a eso el viaje a casa se me hizo un poco mas placentero. Lo de la envidia es algo que de verdad no lo entiendo. La envidia insana. Cuando saque de la tienda el iMac 5K en Leeds no hace mas de dos meses fue como haber salido de cualquier local con tu take away. Pero si, se me quedaron grabadas las caras de aquella gente en aquel momento. Cosas.

Clean and tidy. Aquel Mac parecía inmortal. Ni virus, ni troyanos, ni romanos. Nada. Solo sufrió una reparación forzosa tras mas de 7 años dándolo todo y fue cuando vivía en Irlanda, y es que ya lo había llevado completamente a su limite con dos actualizaciones de software. Reinstalación del software, cambio de HDD por uno de 2T interno doblando su capacidad inicial, el doble de RAM y de nuevo listo para el baile. Los 300 euros que me ahorre al comprarlo los invertí para alargarle la vida casi 8 años después. Y hasta ahora ha pisado dos países.

Aquí sigue conmigo y seguirá hasta que la muerte nos separe.


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El iPhone 7 que me devolvió al presente.

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Tras mucho pensármelo al fin logré hacerme con el iPhone 7. Fui con mi novia al Apple Store de Trinity con la intención de adquirir el iPhone 7 Plus pero tras unos minutos pensando si la diferencia de tamaño me compensaría, al final me hice con el modelo normal de 128Gb. Hace unos meses estuve dudando en adquirir el iPhone 7 Plus anteponiéndolo al 7 como objetivo principal pero la verdad es que para el día a día no me compensaba ya que nunca fui un amante de las fablets, además no se justificaba la compra de semejante animal por una doble cámara que hasta el momento solo desenfoca fondos de imágenes y bueno, el rollo este de los altavoces stereo que, si pones el iPhone 7 a todo trapo alucinas con la calidad de sonido que tiene. Para el uso diario y para el trabajo este terminal me ha hecho olvidar en décimas de segundo a mi viejo Windows Phone 625 que ahora se queda para poco más que para pisar papeles en el escritorio. Y si, como dije en el anterior post, vuelvo a iPhone, y lo mío me ha costado. Viéndole el lado positivo, que lo tiene, maldita sea, vaya si lo tiene, es un capricho carísimo para muchos pero me va a compensar sobremanera ya que el uso que le doy a todos estos cacharros es altísimo.

Tras la compra hace unos meses del iMac 5K (del que por supuesto escribiré una entrada pronto junto a la historia de mi anterior iMac 2007 aun vivito y coleando) solamente me quedaba juntarle con su mejor amigo así que creo que ya lo tengo casi todo. Bueno, estuve sopesando también adquirir un iWatch pero lo primero que me dijo mi novia justo después de planteármelo fue, ni se te ocurra. Supongo que el tiempo lo dirá. Ahora me van bien las cosas, con sus dificultades pero bien, mejor que hace unos años cuando caí en picado sin trabajo y sin dinero junto a lo que todo eso conlleva. Supongo que todo esto lo vengo a compensar tras todos esos años de sequía y amargura aprendiendo a vivir con lo mínimo mientras veía que la vida tecnológica me dejaba atrás, muy atrás en el tiempo. Sí, estoy en lo cierto. Era un ahora o nunca. Así que estoy muy contento de haber podido tener acceso a adquirirlo y disfrutarlo. Volverán a llamarme como entonces fanboy de Apple?

 

 


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Una breve historia sobre mis anteriores teléfonos móviles: iPhone, Android y Windows Phone.

sony xperia nokia lumia 625.jpgHoy me apetece escribir unas parrafadas sobre mi historia con algunos de los teléfonos que he poseído durante los últimos años. Todo viene porque creo que Windows Phone se está durmiendo en los laureles y aunque presuma de tener muy buenas cámaras para sus dispositivos, si no tienes un mercado de aplicaciones activo y competitivo sus teléfonos no valen una mierda. Me he cansado de esperar habiéndole dado ya dos oportunidades.

Cuando aterricé en Irlanda en 2014 llevaba conmigo un Sony Xperia S. Antes de este tuve un iPhone 3GS con el que estuve algo más de tres años. Fue sin duda el mejor de los teléfonos que he llegado a tener. Pasar de iPhone a Android fue un poco doloroso. Un cambio a simple vista muy estúpido para algunos, pero debido a unos fallos en el software conseguí sacar con mucha labia a la dependienta de la tienda unos 80€ de descuento entregando el iPhone para poder hacerme con el que en aquel entonces era a mi parecer uno de los mejores del mercado de los Android, y era algo caro para mi bolsillo. Tenía y tiene buena batería, una muy buena cámara con la que podías hacer panorámicas y fotografías hasta en 3D, pantalla HD, ligero y de batería extraíble. Decidí dar el salto a Android y abandonar a aquel iPhone que tantas alegrías me había dado durante tanto tiempo porque un día decidió encenderse con la pantalla de color verde y darme la espalda para siempre.

En 2011 cuando viajé a UK por primera vez con mi pareja, cuando recién nos estábamos conociendo, lo único que llevé conmigo para hacer fotografías fue dicho iPhone 3GS, que se encargó de hacer todos los vídeos y fotos de las vacaciones durante una semana con sus 16Gb de almacenamiento. No se que hubiera hecho sin él. Después de dejar claro que le tenía bastante cariño a un teléfono y pasarme a Android con Sony comencé a notar ciertas desventajas al respecto del anterior. Ya no era lo mismo, no era tan sencillo el hacer y deshacer cosas con él. Cargar archivos, videos y fotos al Mac en ocasiones se convertía en algo tedioso. Muchas aplicaciones compatibles para Sony Xperia fallaban sincronizando con Mac. Y tengo que añadir algo muy importante. El espacio que la operadora Orange se comía del teléfono con aplicaciones que eran imposibles de eliminar. Aplicaciones completamente inútiles. Aun así iba sobreviviendo y estaba contento.

Cuando nos fuimos a vivir a Irlanda decidí cambiar el Android por un Windows Phone de gama media. Un Nokia Lumia 635 que literalmente me había convencido por sus prestaciones mientras la compañía prometía ponerse a la altura de la competencia en aplicaciones y demás. Lo tuve perfecto y sin ponerlo al límite durante mi año viviendo en la isla esmeralda sin exigirle demasiado.

Al año siguiente, en 2015, nos mudamos al Reino Unido y dicho Nokia Lumia 635 pasó a ser propiedad de mis padres mientras yo decidí pegarme la hostia de mi vida adquiriendo un Nokia Lumia 625 a un precio prácticamente de teléfono desechable. Un móvil de superviviente. Sin cámara delantera, sin flash y con un mercado de aplicaciones mas bien pobre. Iba a decir limitado, pero no, pobre. Paupérrimo. No prometas algo que no puedas cumplir Microsoft. Lo adquirí para recibir principalmente llamadas de posibles futuros empleos, así que pensé. ¿Para qué más? Correcto. El Nokia Lumia 625 sirve para recibir llamadas y usarlo para con las apps básicas de Whatsapp, Skype y ya está.

Y ahora, a día de hoy, estoy planteándome volver a dar el salto a iPhone con el iPhone 7 Plus. Toda una bestia, por lo que es y por lo que cuesta. Pero como me van bien las cosas pues Carpe Diem y adelante. Estoy esperando a que llegue noviembre para hacerme con uno de ellos ya que siguen agotados. ¿Volveré a tener un Android después del iPhone 7 Plus y tras éste un Windows Phone? Permitidme que lo dude.

 


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I´m back!

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Atardecer en una de las playas de Cádiz.  Agosto 2016.

Ha pasado mucho tiempo desde que dejé de publicar en este blog. Concretamente han pasado más de dos años y medio desde la publicación de mi último post relacionado con la adicción a las bebidas carbonatadas. Ha sido toda una sorpresa el haber vuelto a entrar en él y ver la cantidad de comentarios que habéis dejado. Solo puedo daros las gracias y seguir apoyándoos en vuestra lucha por desintoxicaros de esas botellas con toneladas de azúcar.

Esta entrada podría considerarla como un reinicio hacia el que yo era hace unos cuatro años. Como un retorno a la escritura en mi tiempo libre. Como un -voy a decir y hacer lo que me dé la gana-. Como un organizador en el cajón desastre que siempre fue este blog desde sus inicios donde con el paso del tiempo llegué a borrar más de 100 entradas, eliminando incluso recuerdos y pensamientos del pasado, quedando un total de solamente seis de ellas. Si tengo que hacer un resumen de todo lo que ha ocurrido hasta hoy podría escribir una novela, así que creo que lo más recomendable será ir desmenuzándolo por capítulos.

Durante los últimos cuatro años he estado viviendo en Bélgica, Irlanda y el que ahora es mi actual hogar, Inglaterra. Después de perder el trabajo y caer en una depresión indescriptiblemente enorme comencé a conocer en mis propias entrañas los límites de mis propios límites. Vivir sin trabajo, sin dinero, sin ahorros y depender de tu familia para sobrevivir y sobrellevar la pesadilla de ser un cero a la izquierda para los organismos sociales, y por qué no decirlo, también para la gente que no es capaz de dejar de mirarse al ombligo.

Mientras luchaba contra mi mismo comencé a ver el lado negativo de inimaginables cosas. Me desconecté de todas las redes sociales menos de Twitter, el cual lo usaba ocasionalmente tras haber emigrado. Se me agotaba la paciencia con la gente demasiado deprisa y nunca tenía ganas de hacer cosas. Desconocía lo que era divertirse dejando atrás los problemas. No sabía desconectar ya que me sentía propiamente desconectado del mundo. Mientras, lo intentaba e intentaba pero seguía apagado de todo. Ahora mismo me cuesta mucho describir con exactitud toda aquella mezcla de rabia y frustración ya que me encuentro en el lado opuesto. A día de hoy me siento como con diez años menos tras haber dejado atrás la depresión más grande que he tenido nunca. No encuentro las palabras y los agradecimientos necesarios para describir la paciencia infinita y la fe, podríamos decir, que ha tenido mi pareja para saber llevarme durante esta larga etapa de oscuridad.

Actualmente llevo trabajando más de un año como recepcionista en un buen hotel. No es un trabajo complicado pero me desenvuelvo bastante bien a pesar de no dominar a la perfección el idioma todavía. Paperwork, paperwork.. Aquí estoy desempeñando una labor que sería impensable poder hacer en España si cuento como llegué a alcanzar, ascender y merecer mi puesto de trabajo actual en tan poco tiempo. Son tantas las diferencias en cuanto a calidad laboral que aunque de vez en cuando eche de menos mi ciudad natal esto hace que lo de volver esté cada vez más lejos.


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Reto: Razones para dejar la Coca-Cola: 18 meses después.

Ya han pasado 18 meses del último post haciendo referencia a mi particular lucha contra esa bebida carbonatada. Ha llovido mucho desde entonces pero puedo decir orgulloso que he logrado vencer la terrible adicción que tenía hacia ese jarabe negruzco cancerígeno. He tenido rachas bastante difíciles durante ciertos meses donde por estudios y problemas varios la ansiedad hacía que me pusiera ciego a Coca-Cola y a otras bebidas hermanas de ésta, como Pepsi y otras variantes de marca blanca debido a que aquello comencé a considerarlo realmente un lujo. Un lujo que envenenaba a mi organismo. Muchos y muchas que os habéis dejado caer por este blog en busca de testimonios milagrosos o de listados de propias consecuencias de lo que supone estar enganchado a estas bebidas, se que aún a día de hoy estáis peleando contra esa tentación. Esa tentación, esa droga que os llama, que os pudre los dientes, que os consume el calcio de vuestros huesos y que no podéis dejar de tomar porque vuestro cuerpo es más obediente que vuestra voluntad para evitarlo.

Claro que se puede dejar y cortar de raíz. Como he dicho, he tenido rachas bastante jodidas y tentaciones lujuriosas pero no hay nada mas poderoso que obligarse a decir NO. Cuando vuestro cuerpo da la alarma porque le falta cafeína y azucares os machacará hasta el infinito para poder conseguir esa dosis que os calme. Bebed agua, mucha agua, así comencé yo. Dicen, recomiendan beber al menos dos litros de agua al día. Lo que hacía era llenar una de esas botellas de dos litros de Coca-Cola con agua, hasta arriba. Cuando venía esa ansiedad de repente iba a la nevera y bebía de un solo trago todo lo que mi cuerpo aguantara. Llenaba el estómago de agua y me convencía de que había bebido Coca-Cola. Lo sé, nada que ver, pero con el tiempo me fui acostumbrando. En cuestión de varias semanas el vientre ya lo tenía completamente plano, más bien deshinchado en este caso. Seguí con la dinámica de alcanzar los dos litros de agua diarios día tras día hasta olvidarme completamente de ella. ¿Iba a cenar fuera? Agua. ¿Iba a una fiesta? Agua, o otras bebidas no carbonatadas ya que tampoco había que pasarse. Y así, poco a poco hasta preguntarte un día, ¿Cuanto tiempo llevo sin beberme una Coca-Cola? Bastante, mucho, ni lo sé ni me importa porque ya me siento bien. Te olvidas y se acabó. Y sobretodo te olvidarás de esos cambios de humor tan bruscos, esos que tú ya sabes.

En cuanto a las recaídas por azúcar y cafeína y en cuanto al plan de “solo con agua no basta”, había momentos en los que me podía llegar a beber varios litros de leche de una sentada, o exprimía varios limones o naranjas para mezclarlos con el agua de la botella y así notar que por lo menos bebía agua con sabor a algo. Recuerdo también que ni con los zumos de esas frutas mezclados con agua ni la leche me servían de desahogo y comencé a disolver pastillas efervescentes de vitamina C de sabores frutales para notar que pasaba por mi garganta algo con gas junto a algo de sabor mezclado con el agua. Recuerdo verme como un maldito yonki esperando que la pastilla se disolviera completamente dentro del vaso o la botella para aliviar esos picos de ansiedad tan brutales. Visto así realmente parecía un jodido drogadicto. Ahora me río compartiendo esto ya que es para mi una anécdota más.

Una vez prácticamente olvidada llegué a estar dos o tres meses sin beber ni una sola lata hasta que por cosas del destino saliendo por ahí a comer algo me plantaron una delante y pensé “esto ya está más que superado” y lo estaba, así que comí acompañado de 33cl de ese cáncer. Después de comer y durante la tarde no me vinieron ganas de tomarme otra en ningún momento, ni la recordaba. Fue por la noche cuando me acordé de aquella lata que bebí al medio día porque no podía conciliar el sueño fácilmente. Me había sentado igual que una bebida random con taurina cuando te la has tomado por qué si sin haber hecho ningún esfuerzo extra para quemarla, que también hay que ser tonto. No pegué ni puto ojo aquella noche. Después de aquello, escarmentado, seguí con el agua. Experimenté con el té más a menudo y con solo una taza de café aguantaba todo un día. A veces cae alguna una Fanta  que otra, no voy a mentir, pero de un año y medio atrás a hoy he aprendido a controlar el consumo de bebidas carbonatadas y a tachar de mi lista de la compra aquella obligada Coca-Cola tamaño familiar prácticamente diaria que me bebía en un abrir y cerrar de ojos. Quien dice Coca-Cola, dice Pepsi y bla bla bla.

Todo es cuestión de no escuchar los reclamos, de darte cuenta de que no te dará la felicidad como dicen sus estúpidos anuncios, sino que te la consumirá.