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2 ordenadores en 15 años. Eran otros tiempos.

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No tuve mi primer ordenador hasta que pude pagarlo con mis propios ingresos. Yo fui de los que no tuvo ordenador hasta bien asentada la adolescencia. Todo el mundo tenia uno menos yo. Si quería hacer un trabajo o imprimirlo tenia que acudir a casa de algún compañero de clase, algún amigo. Aquellas torres con disquetera. Que tiempos. Recuerdo como si fuera ayer la lentitud con la que se cargaban las imágenes pesadas cuando navegaba por internet y que para nosotros fuese tan normal.

Dos iMac en casa

No fue hasta que cumplí los 18 cuando me pude permitir adquirir uno y fue por piezas. No me gustaban los ordenadores de serie. Quería hacérmelo yo. Todavía lo tengo en casa de mis padres guardado en el armario de mi cuarto. Creo que le fallaba la pila del reloj y por eso se murió y desde entonces no lo volví a tocar porque pegue el salto a Mac, del que luego hablaré. Invertí en aquel ordenador por piezas unos 1500 euros allá por el 2001. Fue toda una locura pero las cosas o se hacían bien o no se hacían, así que me tire de cabeza y lo convertí en todo un bicho, hasta con luces de neon alrededor de diferentes colores. Algún día tengo que resucitarlo, quien sabe la de cosas que deben haberse quedado en esos discos duros. Fotografías, trabajos del instituto, videos de mis teléfonos móviles, porno…

Semanas antes de que invernara para siempre habiendo estado junto a mi seis inseparables años le había echado un ojo a un iMac de 2007 que me hacia ojitos cada vez que me pasaba por un centro comercial del centro de la ciudad. Sentía que tenia que dar el salto a Mac, cambiar de bando, jugar en otra división. Y lo hice. Para otros es un gasto estupido y un OS para tontos. Podríamos discutirlo. Un par de meses después fui a la tienda para hacerme con uno pero tuve algo de mala suerte ya que se habían acabado todos y cada uno de ellos. Fui tan convencido a por el que no me lo podía creer. Pero algo no me habían dicho los de la tienda. Y es que en medio del stand había uno de muestra así que les pregunte lo obvio. Me respondieron que por supuesto, entre risas. Así que me lo lleve a cuestas dirección hacia el metro con todos sus extras y con un ahorro de 300 euros por ser el que era. Las caras de la gente mirando como lo cargaba escalones abajo hasta llegar al anden del metro eran de una mezcla entre envidia y asco y gracias a eso el viaje a casa se me hizo un poco mas placentero. Lo de la envidia es algo que de verdad no lo entiendo. La envidia insana. Cuando saque de la tienda el iMac 5K en Leeds no hace mas de dos meses fue como haber salido de cualquier local con tu take away. Pero si, se me quedaron grabadas las caras de aquella gente en aquel momento. Cosas.

Clean and tidy. Aquel Mac parecía inmortal. Ni virus, ni troyanos, ni romanos. Nada. Solo sufrió una reparación forzosa tras mas de 7 años dándolo todo y fue cuando vivía en Irlanda, y es que ya lo había llevado completamente a su limite con dos actualizaciones de software. Reinstalación del software, cambio de HDD por uno de 2T interno doblando su capacidad inicial, el doble de RAM y de nuevo listo para el baile. Los 300 euros que me ahorre al comprarlo los invertí para alargarle la vida casi 8 años después. Y hasta ahora ha pisado dos países.

Aquí sigue conmigo y seguirá hasta que la muerte nos separe.

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